Olvidado del tránsito,
le acompaña la muralla,
parque lleno de nostalgia,
de la Legión conocido.
Injustamente son muchos
que lo circunda a su paso...,
nadie detiene su tiempo
para brindar el deambular,
a este oasis en remanso.
Centrada entre arboledas
una fuente que no llora...,
con angelitos de piedra,
al desamparo de aquellos
refrescados a la sombra.
Son tristes huérfanos pétreos
inertes del chorro ahora...,
progresiva piel áspera
por la inclemencia del musgo,
que los viste en verde y ahoga.
Se oye el llanto en la escultura
de esta infancia celeste...,
al recordar a esos niños
de este parque siendo el alma,
corriendo al juego alegres.
La melancolía cual pregón,
en el trinar de pájaros...,
¿Quién no recuerda ese tiempo,
que se sintió en la gloria
de este rincón olvidado?
Este recinto casi real,
con su pórtico de entrada...,
antiguo acceso a la ciudad,
de la Trinidad la llaman
a su puerta abaluartada.
Delincuencia y vandalismo
moradores bajo ramas...,
hoy el llanto de estos niños,
pide en silencioso grito
desde su fuente olvidada.

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