Un visionario que trata de ver la vida desde el prisma ordenado y armonioso de sus letras.
Pocos le siguen, pocos le entienden; pero el sigue aferrado a colorear el mundo con los pigmentos de su prosa.
No es un erudito, pues de lo único que se goza es de sus "partos" íntimos con el folio. No busca el aplauso ni los flaxes. Es un anacoreta de rimas y emociones debidamente ordenadas en los cajones de una cómoda llamada nostalgia.
Le gusta la soledad. Disfruta con ella. Tiene establecido un pacto con su silenciosa amiga: Esta le brinda inspiración, a cambio del tributo del insomnio velando por ella y no dejándola sola.
Escribe y describe. Al viento, al fuego, al sol, a la vida... ; no lleva el control de la inmensurable biblioteca de pensamientos infundidos.
Un poeta es un poseso abstraído a campos dominados por flores multicolor y trinares de pájaros. Vive en la ciudad, lo sabe. Pero prefiere redirigir su mente al sosiego del campo.
El poeta no se adora a sí mismo. Ni le gusta que otros lo hagan. Él, prefiere ser cronista y narrador de un escenario, donde tan solo plasma el protagonismo de unos actores que orbitan en torno a su creativa imaginación.
Es un mago del efecto. Puede provocar la compasión, el llanto o la alegría desbordante.
Con su mágica varita impregnada en tinta, plasma mundos, emociones, vidas. Las letras solo le siguen a donde el las quiera dirigir. Es un estratega de la síntesis filosofal. La esencia de lo que realmente importa en la vida.
Un poeta es un cocinero para los sentidos. Guisa frases magistrales que acaban siendo exquisiteces al mejor estilo gourmet. Los paladares son transportados a sensaciones que van más allá de un plato de comida.
El poeta, es un ser como tú. No es una eminencia con dotes en su versar y pensar. Sólo plasma lo que piensa, decorando con abalorios su tosco razonamiento. Podría decirse que es un perfecto fotógrafo que recoge en instantáneas, el sentir vivido o sentido.
Todo eso y nada más, es el poeta.

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