lunes, 22 de abril de 2024

La histórica ermita de Extremadura que está a punto de derrumbarse

 



Ya viene de lejos en la sensibilidad de cacereños y extremeños las quejas de abandono por parte de la Administración de este patrimonio bien de interés cultural, y que lleva años de agonía en su progresivo deterioro casi irreparable. Hablamos de un singular edificio de culto asentado junto a una poza de agua de una zona rural, a tan solo 12 kilómetros de la capital cacereña.

Según algunas fuentes, este edificio de carácter religioso, junto a la cercana torre de los Mogollones, habría pertenecido al ilustre linaje de los Ovando. Este abolengo apellido es tan remoto como la existente Cáceres tras la reconquista cristiana. Descienden del propio Juan Blázquez, conquistador de la villa en poder musulmán en 1229, y de una rama de sus descendientes, con Francisco de Ovando “El rico”, dueño de la Casa de los Monroy, cuyo hijo mayor es Señor de la Arguijuela de Arriba, marqués de Camarena la Vieja, y Camarena la Real, y su segundo hijo Cristóbal, que fue Señor de la Aldehuela y que su descendencia acabaría extinguiendo en los Ovando Perero, Señores de la Casa Fuerte de las Seguras.

De este edificio, como decía, algunos historiadores apuntan a que bien pudiera haber sido un antiguo molino o edificio relacionado con la extracción de aguas, reconvertido en el siglo XVI en ermita de uso privado asociado a este apellido antes mencionado en 1520. Como afirma en su publicación de la UEX, José Julio García Arranz, y del que concuerdo en muchos factores que realiza de esta vieja ermita, aunque no comparto otras muchas cuestiones, como la fecha de datación del edificio, que se toma en base a la rúbrica de los frescos existentes en las paredes del inmueble, cuyas escenas representativas al antiguo testamento con pasajes del génesis, los cuatro evangelistas y escenas iconográficas de María, del pintor local Juan de Ribera (1565).

Tal hipótesis (para mí, ausente de credibilidad), se ciñe según una inscripción del propio autor en una de las jambas, donde puede leerse: “Juan de/ Ribera (sic)/ pintor/ mdlxv”. Y argumento como incoherente datar la antigüedad de un edificio precisamente por la decoración interior existente, que tal vez el artista sobre plasmó en unos frescos más arcaicos, a modo de seudo restauración de la obra pictórica, pues según este equívoco criterio podemos analizar las tendencias más actuales de una iglesia de origen gótico, simplemente porque guarda en su interior inclusiones posteriores renacentistas, y que, bajo ningún concepto, datan al templo en este periodo.

El edificio, también conocido por “ermita del Salvador”, como bien apunta en dicha publicación, tiene su origen en un existente santuario de culto advocado a este topónimo, pues en las inmediaciones era conocido popularmente el trayecto como “camino del Salvador”.

No es casualidad el origen del nombre de esta peculiar ermita llamada “San Jorge”, patrón de Cáceres y tan relacionado al popular desfile y lucha de moros y cristianos. La simbología de San Jorge, que representa al mundo cristiano derrotando al dragón, mundo árabe.

Existen otros historiadores, como Perales Ramos, Martínez, que afirman que este vetusto edificio bien pudo haber sido un pequeño cenobio monacal franciscano, en base a las figuras con atuendos de frailes representados en los frescos, y que tal vez pudiera dicha comunidad haber sido fundada por el propio místico tan querido en tierras cacereñas, San Pedro de Alcántara (1499-1562). Aunque el hecho de fundar una comunidad no tiene por qué estar asociado al origen del edificio, que bien pudiera ser de factoría posterior y ser reutilizado de una anterior congregación existente.

Mi teoría de este edificio “asociado al agua”, como recogen algunos autores, es que estamos ante un significativo templo de carácter religioso diseñado como baptisterio cristiano en la época de la reconquista (siglos XII-XIV).

Las razones para ello son más que evidentes. No se tiene constancia de ningún otro edificio religioso semienterrado en torno a una laguna natural rematada por grandes piedras. Curiosamente, los basamentos del edificio se sostienen directamente sobre los niveles de pizarras originarias de la zona, por lo que no da margen a la duda de que el edificio fue construido expresamente en torno a dicha poza.

Tampoco sería descabellado pensar que la autoría de este baptisterio esté asociada a alguna orden militar y religiosa, pues tras conquistar a los musulmanes en 1213, la defensa de la ciudad de Alcántara fue encargada a la Orden de Calatrava en 1214, pero cuatro años más tarde renunciaron por la lejanía a Calatrava y, con permiso del rey Alfonso IX de León, Calatrava cedió Alcántara a la recientemente formada orden de los “Caballeros de Julián de Pereiro” a cambio de cierta dependencia de filiación con respecto a la orden de Calatrava. De ahí que adoptasen también la regla del Císter. A raíz del establecimiento de su sede central en la villa recibida, el primitivo nombre de orden de San Julián fue desapareciendo paulatinamente, hasta que en 1253 sus maestres se titulaban «maestres de la orden de Alcántara», quedando reducida San Julián Pereiro a ser una simple encomienda de la orden.

Se tiene constancia, y más en los parámetros de épocas medievales, de la urgente conversión forzosa del pueblo árabes residente en España, promulgado por los Reyes Católicos en 1502, donde eran obligados al bautismo como requisito indispensable para residir en nuestros territorios. Tales árabes reconvertidos a nuestra religión católica eran los denominados “moriscos”.

Probablemente este baptisterio fuera creado y encomendado a alguna orden religiosa del territorio para la conversión masiva de capturados insurgentes por dichas órdenes de control.

Las razones por las que el edificio no era de culto particular de familias hidalgas era que mostraban en sus paredes escenas representativas bíblicas, donde en tales épocas no todos sabían leer. Entendiendo el exagerado ilustramiento como una manera efectiva de explicar/catequizar al grueso del pueblo analfabeto.

Recobra mucho sentido que la ermita esté en torno al embalse para ejercitar el sacramento masivo de bautizados. Como también adquiere su sentido que las escenas representadas en sus paredes, estén relacionadas con el bautismo y el nacimiento del nuevo hombre (neonato).

Otro detalle del lugar es la abertura de un espacio en el suelo, destinado probablemente a contención de agua, con una pila conducto sobre ella.

Existen muchas incógnitas todavía sin resolver del origen y utilidad de la ermita de San Jorge, a pesar de las hipótesis presentadas por los investigadores.

Si se constata que este lugar tal vez fuera un baptisterio cristiano de los siglos XII-XIV para promover el cristianismo en tierras paganas por la aculturación árabe, estaríamos hablando de un edificio único en su tipología, pues no se conoce en España ningún otro de esta índole, alzado en base a una poza y tan vinculado al agua.

Los baptisterios o bautisterios, palabra que proviene del latín “baptisterium”,? sirve para designar a pequeñas iglesias o capillas destinadas a la administración del bautismo. Como norma desde el medievo, en cuanto a la construcción de baptisterios, se hacían solo en ciudades que disponían de obispos y eran dedicados en su mayoría a San Juan Bautista, como símbolo de aquel que bautizó primero en el desierto.

Otro llamativo elemento en su construcción, y digno de hacer mención, es la galería superior apoyada sobre dos arcos, por la que se accede desde uno de los laterales de la ermita, que bien pudiera haber dispuesto de un altar para celebración, donde se muestra una sucesión de bloques o monolitos de piedra, que sugieren haber pertenecido a elementos constructivos de algún dolmen. Teniendo en cuenta que la ermita está muy próxima a otros dos dólmenes (Dólmenes Hijadillas 1 y 2).

Bien es sabido que los dólmenes se localizaban casi siempre en lugares escogidos para que fueran visibles desde mucha distancia. Se buscaban puntos dominantes del paisaje, que han continuado siendo referencias geográficas en el transcurso de los siglos, hasta el punto de coincidir con frecuencia con las líneas del término en época medieval o moderna. La orientación de sus entradas no es tampoco aleatoria, sino que se siguen unas pautas fijas. Se intenta que miren hacia el sur o sureste, por motivos religiosos. Se deseaba que los rayos del sol entrasen en la cámara funeraria durante los solsticios de invierno y verano. Dicho carácter religioso se ha prolongado a lo largo de los siglos como un elemento místico/supersticioso, en lugares de “energías” que facilitaban el culto a lo divino de culturas posteriores, por eso, no es de extrañar ver la mano de la Orden del Temple en esta ermita, como en otros lugares extremeños asociados a ellos.

A pesar de que ya se vislumbra una posible restauración de San Jorge, que ha pasado a ser propiedad de carácter público por una cesión gratuita de sus propietarios particulares a la Junta de Extremadura, donde se espera que se acometan las prontas y urgentes actuaciones en cuanto a consolidación y restauración del inmueble, a día de hoy, las ruinas de la ermita están todavía incluidas en el listado rojo de patrimonio en peligro. Así recoge su descripción dicha página:

“…La ermita de San Jorge, aunque abandonada y en estado de ruinas, se mantiene aún en pie a unos 12 kilómetros de la capital provincial, cerca del camino a Badajoz y junto a la llamada Torre de los Mogollones. Es de reducidas dimensiones y nada se sabe sobre su fecha de construcción, sus arquitectos o mecenas, ni tan siquiera sobre los años en que comenzó su abandono o sobre su original funcionamiento y advocación real bajo la que se consagró la misma...”

Desde el año 2009, la Asociación Natura 2000 ha llevado a cabo una serie de actuaciones para denunciar el estado de la ermita de San Jorge y pedir acciones inmediatas para evitar el derrumbamiento de un edificio único en nuestro país, y que parece no preocuparle a la administración el progresivo deterioro de su estructura, como de sus magníficas pinturas a la intemperie y la humedad.

Esperemos que no sea demasiado tarde para lamentar la pérdida de un bien histórico de tanta relevancia para nuestra región. Crucemos los dedos y confiemos en que algún día nuestros gobernantes puedan poner los ojos en este incomparable templo medieval que marcó sin duda una época crucial en la Extremadura de antaño.

Fuente: La histórica ermita de Extremadura que está a punto de derrumbarse - Extremadura7dias.com - Diario digital de Extremadura

martes, 9 de abril de 2024

-1569. DE COMO UNOS LADRONES SALIERON ARREPENTIDOS Y ALABANDO A DIOS-

 

(De las glorias de Santa Teresa de Jesús)
En el año de Nuestro Señor, se cuenta que en este santo cenobio Carmelitano de San Juan Bautista de Teruel, que era el décimo primer convento que la Santa de Tormes fundaba en estepas de Las Españas, las carísimas y virtuosas hermanas recibieron por esos días previos a las vísperas de la cuaresma de Ntro. Señor, la gran dicha de la visita de la fundadora. Solía Santa Teresa estar solícita a sus queridas hijas para que recibieran los tan necesarios estipendios sacramentales de ejercicios espirituales para su ferviente crecimiento en la fe cristiana y en la sugerida vocación y entrega al Carmelo. No pudieran vivir privadas de esta lluviosa tempestad de gracias, que con tanta venerable pasión, inspiró Ntro. Señor crucificado, allá en el monte pobre y desnudo, y que confió a nuestra Superiora General de las Descalzas al oído, con la ayuda espiritual del Rvdo. Padre confesor San Juan de la Cruz.
La madre, llegaría exhausta la tarde del viernes, como acostumbraba, detrás del carruaje que la orden disponía para largos trayectos entre provincias. Era Santa y testaruda a la vez. Desobedeciendo las constantes indicaciones del confesor, que no solo velaba por la salud del alma, sino del cuerpo, la venerable madre, prefería hacer parte del trayecto a pie junto a algunas de sus hijas y sirvientes que su hacedor tío, el Señor Duque de Ahumada, le proveía para garantizar su seguridad de villanos y asaltantes por esos parajes inciertos.
Cuando llegaba aquejada del dolor de sus abatidos pies descalzos, con amplia sonrisa a sus hijas, a las que hace tiempo no veía, algunas hermanas la sentaban en mitad del claustro y confortaban lavando sus pies desfigurados como en la última cena, con el alivio de agua caliente y plantas balsámicas que la hermana del herbolario le colocaba.
Cuando la Madre Superiora de la casa le increpaba con dulzura por tales tormentos y achaques con que mortificaba su cuerpo, que estimaba innecesarios o excesivos tales silícios para una beata tan sobrada de virtudes como ella, esta, con evangélica vehemencia a su hija respondía:
-"Hija..., el evangelio habla de mortificarse por Dios y por los hombres. ¿Es vuestra caridad más instruida que el propio Señor para tomar esas osadas decisiones? Quien nos priva del dolor, es emisario del diablo".
Tras la emotiva celebración de la Santa Misa, donde las hermanas dispusieron de preciosas flores sobre el altar, y la instrucción espiritual de la Santa, la comunidad de descalzas se reunió en el refectorio a las dos de la madrugada para disponer de algunas viandas y caldos que templen el cuerpo de una arrodillada expiación en la estancia húmeda de la capilla románica.
Después de degustar del bocado dulce del recetario árabe, las hermanas marcharon en silencio, haciendo voto de obediencia para el descanso nocturno y en recogida oración.
Santa Teresa, que era parca en complacer las cosas del cuerpo, arrastraba dificultades para el descanso. Tan sólo dormía una hora en la noche, hasta entrar al coro para los rezos de las cinco de la mañana. Su cabeza, siempre fue una pizarra donde bosquejaba sus ideas literarias e inspiraciones dictadas por el mismo Altísimo. Resultaba imposible darle sosiego a su maquinaria interior.
La noche del sábado. Se sentía fatigada por la sopa de ajos, a los que no toleraba en demasía por su achacoso estómago, y decidió aguardar en oración en mitad de la capilla en completa oscuridad. Tenía por lema decir: "que a Dios se le ve mejor desde dentro, sin pábilos prendidos que quieran imitar la luz que trae consigo el amado".
En mitad de la densa oscuridad, bajo una tosca manta, se ocultó cabizbaja esperando que hiciera acto de presencia su amadísimo Señor.
Al instante, aprovechando la serenidad de la noche, una piedra entra veloz por la vidriera de la minúscula capilla, rompiendo en mil pedazos el cristal de la alegoría del bautismo del Señor. Ella, no parecióse asustarse por el estruendo del vidrio, ya andaba pérdida en las sendas de la oración. El mundo, ya era algo ajeno a su percepción.
Tras la violenta piedra, unas manos tratan de subir por el hueco del ventanal. Eran dos ladrones que trataban de llevarse un cáliz dorado, regalo del Señor Duque a su sobrina y que estos tunos pícaros, habían visto en misa durante el día a través de las rejas de las hermanas.
Los ladronzuelos, una vez dentro del santo recinto, sin hacer ruido, caminan hasta el altar para acceder al Sagrario del Santísimo. Al abrir las cortinas del Sagrario, uno de ellos, con grandes ojos de sorpresa, señala al fondo de la capilla sin decir palabra ante su estado de alteración. El otro ladrón, vuelve la cabeza y queda contagiado del estado de estupefacción de su amigo. Allí, estaba ella. La Santa mística, levitaba del suelo a unos metros en su estado de éxtasis catártico.
Asustados los dos ladrones, tratan de huir despavoridos. Mientras trataban de trepar hasta la ventana, una voz les grita desde el otro extremo de la estancia:
-¿Quienes son vuestras mercedes? ¿Cómo tienen la osadía de entrar al hogar de estas humildes esposas de Dios?
Al volverse los dos intrusos, ya la venerable estaba en pie en mitad del pasillo central del templo. Les dice ella acercándose con total parsimonia y sin temer la respuesta de unos forajidos:
-Vengan aquí, hijos míos. Salgan por la puerta que pueden hacerse vuestras mercedes daño con esos cristales.
Los ladrones se miran sin entender nada de esa extraña respuesta con dos desalmados.
Santa Teresa, tras preguntarles quienes eran y las causas por las que hacían esos pecados, acabó dando sabio consejo a los hombres y advirtiéndoles encarecidamente que se vuelvan al camino de la vida cristiana y dejaran de acometer tales actos que tanto ensucian el alma.
Aquellos hombres lloraron como niños ante las palabras de dulzura de una madre que les reprendía con amor. Arrepentidos, prometieron a la Santa de Tormes vivir de cara a Dios y buscar un medio de subsistencia honrado.
Como pago de aquellas sinceras lágrimas, la Santa se ausentó un instante a la cocina del convento para traerles algo de comer a los dos hombres. Tras ingerir de un sabroso queso manchego y del vino dulce que tenía San Juan de la Cruz en la sacristía, les abrió el portón principal para despedirles y darles la bendición.
Y así fue como dos ladrones arrepentidos, como Dimas y Gestas, volvieron a casa con un nuevo espíritu de converso al verdadero camino de la salvación.
Santa Teresa, cuya humildad era su espina dorsal, jamás comentó lo sucedido esa noche del sábado en la capilla mientras rezaba en mitad de su idilio. Tan solo lo habló con su confesor San Juan de la Cruz, quien recogió la presente florecilla y gloria de la Santa para venerar su cuerpo en el día de su santo entierro y marcha con su amado esposo. Cuatro de octubre de mil quinientos ochenta y dos. Para gloria de Santa Teresa de Jesús y su familia de descalzas.
(Esta, es una obra de ficción)
Miguel Ángel de la Cruz Gómez.
Relato Inédito 2020 España
© Derechos Reservados.



-EL MUNDO TRAS LA VENTANA- (relato)

 

Siempre fue una mujer popular en su barrio y querida por todos. Su nombre es Sacramento. De aspecto bonachón y perenne sonrisa, dialogaba con todos sus vecinos del barrio. Se la podía ver asiduamente en las tiendas de la zona o sentada al sol de la pequeña plaza que tenía delante de su casa, como si fuera una prolongación más de su hogar.
Desde que sus hijos se marcharon a vivir a Alemania, ella pasó gradualmente al olvido de éstos, que dejaron de llamarla y preocuparse por su madre.
Los que pasaban por su calle, quedaban sorprendidos del banco solitario donde ella, había dedicado tantas horas de descanso, con sus madejas de lana confeccionando prendas interminables y formando parte ya del paisaje urbano.
Sacramento se fue apagando y nadie lo sabía. Nadie se preocupó de sus achaques y de los tormentos de una depresión que fue haciéndola una mujer introvertida y con pocas ganas de salir y de vivir.
Ninguna vecina llamó a su puerta a ver como estaba. Ella vivía encerrada en casa observando desde el ermitaño mundo de sus ventanas, como la vida transcurría sin tenerla en cuenta. Ya nadie se acordó agradecido de su sonrisa afable al saludarla.
Las plantas de sus balcones fueron mudando el verde característico por el pardo color propio de la sequedad. Todos creían que la pobre señora seguía escondida tras los visillos de su casa, observando al transeúnte que pasaba por su fachada.
Pasaron los días, meses y los años y ya pocos vecinos quedaban en su comunidad de propietarios que la conocieran de su época. Muchos vendieron sus inmuebles y otros habían muerto. Para los nuevos vecinos, esa era una vivienda cerrada desde décadas sin conocer los motivos. Nadie preguntaba.
En una ocasión, una pareja de jóvenes que no tenían donde vivir y sabiendo del abandono del inmueble, pensaron en acceder al interior del mismo como okupas. Cuando cayó la noche, se armaron de valor y comenzaron a forzar la puerta de uno de sus balcones. Tras varios intentos del joven, consigue abrir la desvencijada persiana y puerta y se introduce al domicilio. Su joven esposa esperaba fuera al frío nocturno, vigilante de que nadie se opusiera a los planes de la joven pareja de adjudicarse la vivienda abandonada desde hace más de dos décadas.
Tras un breve espacio de tiempo, el joven consigue abrir la puerta principal desde dentro y sale a la calle donde le esperaba su pareja.
Su mujer se sorprende al verlo venir con cara de estupefacción. Cuando le pregunta preocupada qué ocurre, el comienza a decirle que la casa no estaba abandonada, como les habían dicho, sino que su antigua moradora sigue estando en el inmueble.
Sacramento había permanecido veinte años sentada a la mesa de su sala de estar, con total rigidez y en estado casi momificado, observando una vieja fotografía que tenía entre las manos de sus dos hijos adorables cuando tenían siete y nueve años y que decidieron marcharse un día a vivir a Alemania. Parecía que murió esperando una llamada de sus hijos. Dos jóvenes portentos en su profesión farmacéutica y jurídica, pero tan fríos y vacíos de no acordarse ni un solo instante de su querida madre, que vivió trabajando duramente para que ellos tuvieran una formación digna.
Dedicado con todo mi cariño a tod@s es@s ancian@s que reflejan la misma soledad de la protagonista de este triste relato, sin que nadie se acuerde de ellos.

Miguel Ángel de la Cruz Gómez.
Inédito. 2019
Derechos Reservados.



-LA NOVIA- (relato)


Arkansas, febrero de mil novecientos veintiséis. Una granja a las afueras del condado. Una madre, asiste emocionada a vestir de novia a su única hija. Las dos, están frente a un amplio espejo de tocador del dormitorio.
---Hija mía. ¡Qué ilusión me hace que lleves el mismo vestido que llevé yo! ... Me sorprende como ha recuperado su blancura original. ¡Claro que yo lo lucía cuando era casi tan delgada como tú!
---Vamos, mamá. Para mí serás siempre la madre más hermosa de todas.
Al percatarse la joven de un descosido en el tul de la manga, le dice con preocupación :
---Mira, mamá. Tiene aquí un roto.
---No te preocupes hija. Demasiado bien se encuentra para haber estado más de sesenta años en esa arqueta. Quítatelo rápido que arreglaré ese descosido y lo plancho un poco. Lo tendrás impecable para este, tu gran día.
---Qué haría yo sin ti, mi querida mamá.---y le propina un tierno beso en la frente.
---Vamos, no exageres, pequeña. Podrías defenderte tú sola. Siempre fuiste tan autosuficiente y resolutiva.
---No es lo mismo, mamá. El hueco de una madre no se puede suplantar para una novia... ; por cierto..., ¿dónde está Mauri?
---No te pongas nerviosa, hija. Tu hermano ya salió hace una hora a la ermita. Dijo que tenía que salir antes para adecentar un poco el auto.
Supongo que estará aquí a las cuatro y media. Le he insistido mucho que sea puntual y no se distraiga.
---Dios te oiga, madre. Ya sabes como es mi hermano.
Mientras la anciana le colocaba el tocado de flores blancas al pelo y el velo, la observaba con perpleja preocupación por el espejo.
---¿Qué te pasa? ¿a qué viene esa cara? Parece que has visto a un fantasma. ---dijo irónica la hija.
---No me pasa nada, Graciela. Solo me emociona verte así de preciosa. Con estos atuendos, tengo la certeza absoluta de que ya eres toda una mujer de los pies a la cabeza. ---responde emocionandose.
---Te ruego que no llores, mamá. Con estos nervios estoy a un hilo de romper a llorar por la emoción. Sería una pena todo este maquillaje.
---Tranquila. Te prometo no llorar. Si te viera así de hermosa tu padre, que en gloria esté, con qué orgullo te llevaría del brazo al altar.
---Cambia de conversación, por favor. Conseguirás al final hacerme llorar.
La puerta principal de la casa se abre y aparece Mauri, el hermano menor de la novia. Llevaba una sonrisa plena al ver a su hermana tan engalanada. Le dice sin cortapisas :
---Vaya, hermanita. Estas como esas modelos de las revistas. ¡Qué bellezón!---y toma de la extensa mesa preparada de viandas, un trozo de pastel de chocolate.
---¡Mauricio! no toques eso. ¡Jesús María y José que jovenzuelo este!---le regaña su madre.
---¿Tienes ya el coche preparado, Mauri?---pregunta Graciela.
---¿Tú qué crees? pues claro. Le he tenido que lavar dos veces con glicerina. Estaba cubierto de excrementos de gallinas.
---Siempre te digo que no metas el coche en el corral de atrás. Para eso hizo tu padre la cochera junto al jardín. ---exclama perdiendo los nervios la madre.
---Siempre estás con lo mismo. Ni siquiera para la boda de tu hija, tienes una sonrisa de agrado.
---Vale ya, Mauri. No me la pongas nerviosa, que terminará clavándome la aguja. ---recrimina su hermana.
Al poco y tras un breve silencio, donde solo se oía el péndulo del reloj de pared, dice la anciana :
---¿Está todo bien en la capilla? ¿Ha llegado ya Don Celedonio?
---Allí está el viejo gruñón. Me insistió que no quería que entrara el auto al jardín delantero de San Gabriel. Que no quiere que le marchiten sus plantas.
---Y tiene razón el reverendo. Pierde mucho tiempo cuidando sus rosas para que se las pisemos.---contesta su madre en defensa del octogenario sacerdote.
---Pero si lleva toda la vida diciendo lo mismo. Recuerdo sus tirones de orejas cuando cruzaba la cerca. ---responde Mauri a regañadientes.
Mientras terminaba de colocar el velo a su hija, hace un barrido visual por la estancia para ver donde se hallaba su hijo. Al verlo mirar por la ventana del salón, le dice con astucia para intimar en la conversación con su hija :
---Mauricio, lleva esas cajas de flores al coche. Son para colocarlas a San Gabriel.
---A sus órdenes. ---responde irónicamente él.
---Y ten cuidado de no quebrar los tallos al introducirlas.
Al salir el muchacho con la caja de flores y cerrar la puerta, la madre de la novia, con gesto de preocupación, interroga a la hija :
---Hija... ; nunca hemos hablado de esto, pero... ¿amas de verdad a ese hombre?
---Mamá..., ¿a qué esa pregunta el mismo día de mi enlace?
---Respóndeme con sinceridad, hija. Sé que Isaac es un hombre trabajador y honrado..., y te quiere. Pero quiero saber si tu le quieres a él, o te conformas con que es un buen hombre y tratas de convencerte de que estás enamorada.
La muchacha se voltea del asiento ante las palabras de su madre y exclama :
---¿Qué te hace pensar, mamá, que no amo a Isaac? Es lo mejor que me ha pasado nunca.
---No sé, hija. Es tan reciente lo de ese otro joven que te hizo tanto daño. Y ojo, que me alegro que Isaac haya aparecido en tu vida... Estuviste mucho tiempo deprimida tras la ruptura, y decías que jamás te volverías a enamorar. Pero bueno..., son bobadas de una vieja chocha.
---Eso ya es pasado, mamá. Han pasado más de dos años. Yo tampoco creí que remontaría en la vida, pero ya ves..., apareció un día un nuevo herrero en el pueblo y nos gustamos.
Pero..., dejemos de hablar de esto. Hoy es mi día, mamá. Se supone que debe ser el día más feliz de mi vida, ¿no?
---Claro, pequeña. Y seguro que serás la mujer más feliz del mundo.---y besa su mejilla.
El reloj del salón, marca las cinco de la tarde. A las seis sería el ansiado enlace. La madre dice :
---Nos tenemos que ir ya, hija. Se nos echa el tiempo encima. Que no se me olvide llevarle unos cirios a Don Celedonio. ---dijo nerviosa, mientras tomaba su bolso y otros enseres.
---Mamá. Si no te importa, ve tú con mi hermano en el coche. Prefiero ir hasta San Gabriel caminando. Está muy cerca.
---Pero hija, a tu hermano le hacía ilusión llevarte en su coche. Se ha llevado toda la mañana lavándole.
---No te apures por mí. Quiero estar sola aquí en casa. La presencia de papá está en cada cosa. Será una manera de tenerle cerca. Después de todo, ya no dormiré a partir de esta noche jamás aquí. Haz lo que te pido.
---Bueno, como quieras. Pero no te retrases. Estarán allí todos esperándote. Yo iré colocando las flores en el altar. Hasta ahora mi reina. Estoy muy orgullosa de ti. ---y la besa nuevamente.
Al quedarse sola la joven en la casa, se dirige hasta el retrato de su padre, presidiendo la estancia. Sentándose debajo, comenzó a mirarlo con tristeza. Le dijo a modo de confesión :
---Siento que tengas que presenciar esto, papá. Jamás pensé que llegaría a hacer esto en el día que tuvo que ser el más feliz. Me da pena de mamá. Estará ansiosa de verme caminar hasta el altar para desposarme con ese sinvergüenza que se ha marchado dejándome dos días antes de la boda. Qué triste se quedará al ver que su hija única, vuelve a fracasar en el amor, y queda ruborizada delante de todos los invitados.
---¡Qué incrédula he sido papá! ..., y qué diferente hubiera sido todo si hubieses estado aquí. No te apures...; ya no estarás ahí solo sin tu familia.
---Y quitándose el velo de un tirón, toma de un cajón una gruesa cuerda, y subiendo a una silla, la lanza por encima de una de las vigas del techo.
El gesto de tristeza del sobrio retrato del padre, parecía querer impedir lo que estaba a punto de acometer la desdichada joven.
Subida en la silla y con la cuerda alrededor de su esbelto y pálido cuello, no podía contener el llanto con la mirada fija al retrato de su fallecido padre. Retoma el Monólogo con el viejo óleo :
---Siempre estabas ahí cuando me caía y hacía daño. Me besabas la herida diciendo que no era nada. Que pasaría el dolor. ¡Si supieras que este dolor que tengo ahora por la traición de Isaac, no se me alivia lo más mínimo!
No te enojes conmigo cuando me veas llegar hasta ti. No soporto vivir esta vida de sufrimientos y convertirme en esa solterona a la que todos rehuyen.
Es paradójico, que el vestido que siempre soñé llevar desde niña, lo lleve puesto hoy como mortaja en mis últimos minutos de aliento.
Tras un breve silencio reflexivo, tal vez para despedirse la muchacha de la vida, golpea con su zapato el respaldo de la silla donde estaba alzada, y esta cae dejando su cuerpo suspendido en el aire y agitándose por la agonía de la asfixia.
Su cuerpo talar vestido de raso blanco y encajes, fue quedando poco a poco en completa quietud. La soga, quedó ceñida a su cuello, y sus manos quedaron sujetas a la cuerda con la intención de librarse de ella, desafiando con el rigor mortis la gravedad.
Su mirada de dolor quedó perenne en tan dramática escena de oblación. [...]
Con los años, fueron muchos los moradores de la modesta casa, que muchos recuerdan, estuvo siempre a la venta. Todos, afirman haber visto en ocasiones la figura fantasmagórica de una mujer vestida de novia con el rostro cubierto, pasear por las diversas estancias de la finca.
Otros, decían haberle visto el rostro de tristeza bajo el tul de su velo. Fue un alma atormentada que jamás se pudo curar de esa extraña patología tan enfermiza de lo que llaman desamor.
Miguel Ángel de la Cruz Gómez.
Relato Inédito. 2020. España.
© Derechos Reservados.



-LA DECADENTE BREVEDAD- (relato)


Conso fue una mujer plenamente feliz. Lo tenía todo. Un marido que la adoraba y unos hijos que se desvivían en atenciones. Tenía predilección por sus pequeños nietos, hijos de su hija África. Mientras ésta trabajaba en la oficina, la ejemplar abuela, se hacía cargo de los pequeños, a los que sacaba a menudo al parque o los llevaba de "expedición" por la ciudad.
Conso está con gesto preocupado sentada en una sala de espera. Aguarda a ser llamada por la enfermera del oncólogo que la citó esa lluviosa mañana. Tras oír la proclamación de su nombre, se levanta álgida esperando salir de la angustiosa duda.
Ya sentada frente al doctor, este comienza a exponerle los resultados de los análisis obtenidos. Sin apenas levantar los ojos del informe, le dijo así:
-Doña Consuelo: como me temía, tenemos una metástasis que se ha propagado desde el pulmón izquierdo hasta el derecho. En seis meses tan sólo, ha habido un claro empeoramiento que nos obliga a actuar con total rapidez. Lo lamento mucho, señora. Vamos a ir viendo resultados, aunque no quiero darle falsas esperanzas. El cáncer está muy extendido y parece no haber retrocedido estos años a la quimioterapia.
Ella, permanecía con sus ojos posados en sus arrugadas manos. No mostró alteración alguna a las palabras apocalípticas del facultativo. Parecía como si asumiera de una vez por todas, aquella lucha de años contra una minúscula enemiga que trataba de apagarla. Esta vez, parecía ganarle la partida, y ella, con total parsimonia, se dejó ganar. No tenía ni quería seguir gastando energías en vano. Había aprendido todos estos años a convivir con el dramático pronóstico y dejó de temerle a la muerte. Estaba preparada para cualquier cosa. Ella pensaba, que si saltaba de la vida, imposible quedar en el aire. Tendría forzosamente que caer en otro plano o realidad.
Antes de levantarse de la consulta, toma la mano del médico y con gesto de vencimiento y dolor, le cuestiona:
-Quiero que me sea sincero doctor. Me sentiría mejor, sabiendo el tiempo que me queda.
-La entiendo, Conso y créame que sería lo más sensato. Pero no podemos especificar un plazo determinado. No sabemos cómo va a reaccionar su organismo. No hay estándares en estas cosas.
-Se lo ruego por lo que más quiera. Quiero administrarme lo que me queda. Después de todo, es mi vida. -responde ella compungida.
El médico, entristeciendo el gesto responde :
-Bueno..., basado en mi bagaje con otros pacientes con patologías similares, calculo que tiene usted entre cuatro o seis meses de vida. Pero ya le digo que me he equivocado en más de una ocasión. Nunca se saben los derroteros de esta enfermedad.
Allá iba la pobre de Conso en dirección a casa. Llevaba unas bolsas del mercado. Se detiene en mitad de su calle y echa la vista a los balcones de su casa. Estaba todavía en estado de shock por el dictamen médico y no quería que los suyos la notaran decaída. Pensó en tomarse un café en la cafetería de abajo. Entró al local y se sentó junto a la cristalera.
El camarero, El Mesié como le conocían por su andadura de residente en Francia, se acercó amigablemente a saludarla :
-Buenos días, Conso. Por decir algo, porque menuda mañana de agua.
-Buenos días, Mesié. Sí. Menos mal que tomé el paraguas esta mañana sino...-Responde la apagada mujer, tratando de mostrar normalidad en el tono para fingir que no le ocurría nada.
Al ver el dueño del establecimiento las bolsas de la compra, desde la que asomaban unas exageradas hojas de berzas y acelgas, le dice :
-Ah..., veo que has estado en el mercado. ¿no habrás visto por allá a Sofía? La he mandado a esta endemoniada chiquilla a que me haga la compra para preparar Trini las tapas, y todavía no ha llegado.
-No. No la he visto. Se habrá entretenido, hombre. Es ya una mujercita. Tendrá sus cosas que hacer, Mesié. -responde ella en defensa de la tardanza de la adolescente.
-No. Si me parece bien que tenga su vida, Conso. Pero el trabajo es el trabajo. Yo heredé, como tú sabes este negocio de mi padre. Pues bien..., jamás me dejó mi padre salir de aquí sin haber terminado mis obligaciones. Hay que tomarse en serio el pan, porque no sabemos lo que nos depara la vida. Ahora..., yo no me la juego con lo que tanto trabajo y sudores levantó mi padre, que en gloria esté. -dijo, mientras iba subiendo gradualmente el tono con vehemencia.
-Mesié. Hay otras prioridades en la vida. No es todo trabajar. Hay que vivir. Sólo tenemos una vida y... -Conso, recapacita al ver que está dando demasiados detalles del drama de su vida y se queda callada.
-Conso. ¿qué te pongo? ¿el cafetito como siempre?
-Sí. Pero calienta bien la leche. Que este día me tiene destemplada.
-Marchando. -y prosigue su consultorio familiar, aprovechando la intimidad del desértico local para ellos dos:
-Pero es que esta hija mía es que no tiene remisión, Conso. Solo piensa en diversión y no está atenta. El otro día, estuvieron aquí unos chicos bebiendo chatos de anís, y yo estaba allí sentado atento. Dije: verás, verás por donde me sale. Pues bebieron lo que quisieron, y ella, solo les cobró cinco euros por todo. ¡menuda ruina de niña! Y cuando le dije porqué no cobró lo justo, me sale con que uno de los chicos era su novio. ¡Esto es el colmo, Conso!
-Vamos, no exageres. Que menudas le formaste a tu padre cuando no te dejó salir en la verbena con la Puri esa. ¿no era Puri?
-Susi. Se llamaba Susi. Esa si que era una noble mujer y no la Trini. Creo que esta hija mía y ella, llevan tiempo conspirando contra mí.
-Pero que bobo eres, Mesié. -y exhala una breve risa ante la disparatada teoría conspiranoica de su vecino. Luego responde :
-No digas eso, hijo. Tienes una mujer que te quiere a su forma. Un poco ruda, eso sí. Pero eso es propio de su tierra. En esta vida, todos tenemos que estar agradecidos porque siempre hay alguien que nos soporta con paciencia. -dijo ella con la mirada perdida en el recuerdo.
Mientras Conso gira su cucharilla en la taza y observa el agua de la lluvia caer por el vidrio, el Mesié le grita desde la barra :
-Y a ti... ¿qué te pasa hoy que estás tan triste?
¿no te habrá hablado mal Gonzalo? porque soy capaz de negarle luego el vinito del mediodía.
-No. No es nada de eso, Mesié. Estoy muy triste por las cosas de la vida. Pero por mí. Ya sabes que los míos se portan requetebién conmigo.
-Eso es verdad. -responde con brevedad él.
Conso, se levanta y responde :
-Toma..., quédate el cambio. Y el bote para la chiquilla. Que no me entere que la dejas con lo justo, que para eso está aquí aguantándote, hijo de mi vida. - exclama en voz alta ella, mientras suelta en la barra dos monedas.
Él, responde con una escueta carcajada mientras seguía fregando vasos.
Ella, sube los cuatro pisos con paciencia con sus bolsas de la compra. Al llegar a su rellano, introduce la llave en la cerradura. Parecía no haber nadie en casa. Conso, necesitaba luz para sentirse bien ese día gris lluvioso. Abrió bien las cortinas de ventanas y balcones. Comenzó a hacer la comida y puso música en la radio. Se preparó un vino blanco fresquito. Ya no le importaba si podía beber alcohol con los fármacos. Su vida estaba en el aire.
Sentada junto a la ventana, observa a los transeúntes caminar por la calle. Le asaltó el pensamiento de su madre cuando le aconsejó el mismo día que parió en la clínica :
-"Hija..., piensa, que ahora tu vida, son ellos. Vive, pero por ellos".
Apuró la copa de vino y una lágrima brotó con fuerza por su mejilla. ¡Qué distante la ilusión de aquella jovencita que quería comerse el mundo!
Al punto, la fechadura de la puerta se oye. Tras su apertura, el cálido saludo de su hija África que traía sus alborotadores hijos del colegio :
-¡Hola mamá! ya están aquí tus monstruítos. Id a besar a la yaya,vamos.
Conso, con su mano cual una gamuza, extrae la delatora lágrima y esboza una espléndida sonrisa radiante para sus adorables pequeños.
Miguel Ángel de la Cruz Gómez.
Relato Inédito. 2020 España.
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