Arkansas, febrero de mil novecientos veintiséis. Una granja a las afueras del condado. Una madre, asiste emocionada a vestir de novia a su única hija. Las dos, están frente a un amplio espejo de tocador del dormitorio.
---Hija mía. ¡Qué ilusión me hace que lleves el mismo vestido que llevé yo! ... Me sorprende como ha recuperado su blancura original. ¡Claro que yo lo lucía cuando era casi tan delgada como tú!
Al percatarse la joven de un descosido en el tul de la manga, le dice con preocupación :
---Mira, mamá. Tiene aquí un roto.
---No te preocupes hija. Demasiado bien se encuentra para haber estado más de sesenta años en esa arqueta. Quítatelo rápido que arreglaré ese descosido y lo plancho un poco. Lo tendrás impecable para este, tu gran día.
---Qué haría yo sin ti, mi querida mamá.---y le propina un tierno beso en la frente.
---Vamos, no exageres, pequeña. Podrías defenderte tú sola. Siempre fuiste tan autosuficiente y resolutiva.
---No es lo mismo, mamá. El hueco de una madre no se puede suplantar para una novia... ; por cierto..., ¿dónde está Mauri?
---No te pongas nerviosa, hija. Tu hermano ya salió hace una hora a la ermita. Dijo que tenía que salir antes para adecentar un poco el auto.
Supongo que estará aquí a las cuatro y media. Le he insistido mucho que sea puntual y no se distraiga.
---Dios te oiga, madre. Ya sabes como es mi hermano.
Mientras la anciana le colocaba el tocado de flores blancas al pelo y el velo, la observaba con perpleja preocupación por el espejo.
---¿Qué te pasa? ¿a qué viene esa cara? Parece que has visto a un fantasma. ---dijo irónica la hija.
---No me pasa nada, Graciela. Solo me emociona verte así de preciosa. Con estos atuendos, tengo la certeza absoluta de que ya eres toda una mujer de los pies a la cabeza. ---responde emocionandose.
---Te ruego que no llores, mamá. Con estos nervios estoy a un hilo de romper a llorar por la emoción. Sería una pena todo este maquillaje.
---Tranquila. Te prometo no llorar. Si te viera así de hermosa tu padre, que en gloria esté, con qué orgullo te llevaría del brazo al altar.
---Cambia de conversación, por favor. Conseguirás al final hacerme llorar.
La puerta principal de la casa se abre y aparece Mauri, el hermano menor de la novia. Llevaba una sonrisa plena al ver a su hermana tan engalanada. Le dice sin cortapisas :
---Vaya, hermanita. Estas como esas modelos de las revistas. ¡Qué bellezón!---y toma de la extensa mesa preparada de viandas, un trozo de pastel de chocolate.
---¡Mauricio! no toques eso. ¡Jesús María y José que jovenzuelo este!---le regaña su madre.
---¿Tienes ya el coche preparado, Mauri?---pregunta Graciela.
---¿Tú qué crees? pues claro. Le he tenido que lavar dos veces con glicerina. Estaba cubierto de excrementos de gallinas.
---Siempre te digo que no metas el coche en el corral de atrás. Para eso hizo tu padre la cochera junto al jardín. ---exclama perdiendo los nervios la madre.
---Siempre estás con lo mismo. Ni siquiera para la boda de tu hija, tienes una sonrisa de agrado.
---Vale ya, Mauri. No me la pongas nerviosa, que terminará clavándome la aguja. ---recrimina su hermana.
Al poco y tras un breve silencio, donde solo se oía el péndulo del reloj de pared, dice la anciana :
---¿Está todo bien en la capilla? ¿Ha llegado ya Don Celedonio?
---Allí está el viejo gruñón. Me insistió que no quería que entrara el auto al jardín delantero de San Gabriel. Que no quiere que le marchiten sus plantas.
---Y tiene razón el reverendo. Pierde mucho tiempo cuidando sus rosas para que se las pisemos.---contesta su madre en defensa del octogenario sacerdote.
---Pero si lleva toda la vida diciendo lo mismo. Recuerdo sus tirones de orejas cuando cruzaba la cerca. ---responde Mauri a regañadientes.
Mientras terminaba de colocar el velo a su hija, hace un barrido visual por la estancia para ver donde se hallaba su hijo. Al verlo mirar por la ventana del salón, le dice con astucia para intimar en la conversación con su hija :
---Mauricio, lleva esas cajas de flores al coche. Son para colocarlas a San Gabriel.
---A sus órdenes. ---responde irónicamente él.
---Y ten cuidado de no quebrar los tallos al introducirlas.
Al salir el muchacho con la caja de flores y cerrar la puerta, la madre de la novia, con gesto de preocupación, interroga a la hija :
---Hija... ; nunca hemos hablado de esto, pero... ¿amas de verdad a ese hombre?
---Mamá..., ¿a qué esa pregunta el mismo día de mi enlace?
---Respóndeme con sinceridad, hija. Sé que Isaac es un hombre trabajador y honrado..., y te quiere. Pero quiero saber si tu le quieres a él, o te conformas con que es un buen hombre y tratas de convencerte de que estás enamorada.
La muchacha se voltea del asiento ante las palabras de su madre y exclama :
---¿Qué te hace pensar, mamá, que no amo a Isaac? Es lo mejor que me ha pasado nunca.
---No sé, hija. Es tan reciente lo de ese otro joven que te hizo tanto daño. Y ojo, que me alegro que Isaac haya aparecido en tu vida... Estuviste mucho tiempo deprimida tras la ruptura, y decías que jamás te volverías a enamorar. Pero bueno..., son bobadas de una vieja chocha.
---Eso ya es pasado, mamá. Han pasado más de dos años. Yo tampoco creí que remontaría en la vida, pero ya ves..., apareció un día un nuevo herrero en el pueblo y nos gustamos.
Pero..., dejemos de hablar de esto. Hoy es mi día, mamá. Se supone que debe ser el día más feliz de mi vida, ¿no?
---Claro, pequeña. Y seguro que serás la mujer más feliz del mundo.---y besa su mejilla.
El reloj del salón, marca las cinco de la tarde. A las seis sería el ansiado enlace. La madre dice :
---Nos tenemos que ir ya, hija. Se nos echa el tiempo encima. Que no se me olvide llevarle unos cirios a Don Celedonio. ---dijo nerviosa, mientras tomaba su bolso y otros enseres.
---Mamá. Si no te importa, ve tú con mi hermano en el coche. Prefiero ir hasta San Gabriel caminando. Está muy cerca.
---Pero hija, a tu hermano le hacía ilusión llevarte en su coche. Se ha llevado toda la mañana lavándole.
---No te apures por mí. Quiero estar sola aquí en casa. La presencia de papá está en cada cosa. Será una manera de tenerle cerca. Después de todo, ya no dormiré a partir de esta noche jamás aquí. Haz lo que te pido.
---Bueno, como quieras. Pero no te retrases. Estarán allí todos esperándote. Yo iré colocando las flores en el altar. Hasta ahora mi reina. Estoy muy orgullosa de ti. ---y la besa nuevamente.
Al quedarse sola la joven en la casa, se dirige hasta el retrato de su padre, presidiendo la estancia. Sentándose debajo, comenzó a mirarlo con tristeza. Le dijo a modo de confesión :
---Siento que tengas que presenciar esto, papá. Jamás pensé que llegaría a hacer esto en el día que tuvo que ser el más feliz. Me da pena de mamá. Estará ansiosa de verme caminar hasta el altar para desposarme con ese sinvergüenza que se ha marchado dejándome dos días antes de la boda. Qué triste se quedará al ver que su hija única, vuelve a fracasar en el amor, y queda ruborizada delante de todos los invitados.
---¡Qué incrédula he sido papá! ..., y qué diferente hubiera sido todo si hubieses estado aquí. No te apures...; ya no estarás ahí solo sin tu familia.
---Y quitándose el velo de un tirón, toma de un cajón una gruesa cuerda, y subiendo a una silla, la lanza por encima de una de las vigas del techo.
El gesto de tristeza del sobrio retrato del padre, parecía querer impedir lo que estaba a punto de acometer la desdichada joven.
Subida en la silla y con la cuerda alrededor de su esbelto y pálido cuello, no podía contener el llanto con la mirada fija al retrato de su fallecido padre. Retoma el Monólogo con el viejo óleo :
---Siempre estabas ahí cuando me caía y hacía daño. Me besabas la herida diciendo que no era nada. Que pasaría el dolor. ¡Si supieras que este dolor que tengo ahora por la traición de Isaac, no se me alivia lo más mínimo!
No te enojes conmigo cuando me veas llegar hasta ti. No soporto vivir esta vida de sufrimientos y convertirme en esa solterona a la que todos rehuyen.
Es paradójico, que el vestido que siempre soñé llevar desde niña, lo lleve puesto hoy como mortaja en mis últimos minutos de aliento.
Tras un breve silencio reflexivo, tal vez para despedirse la muchacha de la vida, golpea con su zapato el respaldo de la silla donde estaba alzada, y esta cae dejando su cuerpo suspendido en el aire y agitándose por la agonía de la asfixia.
Su cuerpo talar vestido de raso blanco y encajes, fue quedando poco a poco en completa quietud. La soga, quedó ceñida a su cuello, y sus manos quedaron sujetas a la cuerda con la intención de librarse de ella, desafiando con el rigor mortis la gravedad.
Su mirada de dolor quedó perenne en tan dramática escena de oblación. [...]
Con los años, fueron muchos los moradores de la modesta casa, que muchos recuerdan, estuvo siempre a la venta. Todos, afirman haber visto en ocasiones la figura fantasmagórica de una mujer vestida de novia con el rostro cubierto, pasear por las diversas estancias de la finca.
Otros, decían haberle visto el rostro de tristeza bajo el tul de su velo. Fue un alma atormentada que jamás se pudo curar de esa extraña patología tan enfermiza de lo que llaman desamor.

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