Inamovible por siglos,
con aromas del medievo...,
rincones con madera y cal
verdes, bajo un azul cielo.
¡Lástima no haber nacido
acurrucado a tu seno! ...,
amamantar de esas sierras
que sanan hasta el alma,
cual la gente de este pueblo.
En su pequeña placita
cual escenario de un cuento...,
una fuente llora y habla
de su longeva experiencia,
testigo de otros tiempos.
Transito calles en sombra,
por sus silencios me pierdo...,
inhalando aquella historia,
osado surtidor de agua
que solo rompe el sosiego.
Pleno calor de la tarde
por el que incitado bebo...,
aquella pureza del agua
sorbida en mi mano, y...
¡parece brotar del cielo!
Aquí seguirá eterna
acogiendo al viajero...,
saciando todos los ojos
del que padece hambruna,
en búsqueda de lo bello.

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