No sé si es un ángel,
esa de la dulce voz...,
la mujer que los jueves,
me pide la confesión.
Soy incapaz de rezar
si a veces no viene...,
lo leído se disipa,
emergiendo su rostro
de palidez que tiene.
La imagino tímida
tras la vieja celosía...,
con ojos de inocencia
y pulcritud de alma,
diciendo: "ave María".
Suelo a veces abstraerme
al narrar sus pecados...,
sus labios tan perfectos
cual campo de amapolas
me incitan a besarlos.
Ya no puedo descansar,
si no ocupa mi mente
aquella jovencita...,
que siento tan íntima
siendo su confidente.
Por todo lo que cuenta,
al ser tan refinada...,
es de buena familia
la que roba mis sueños,
mi jovencita dama.
Parece que ahí viene
oculta bajo su velo...,
se sentirá manchada,
y vendrá a enmendarse
este ángel del cielo.
¿Cómo pudo hacer Dios
un rostro tan perfecto? ...,
mi mente ya es su casa
sin poder desalojar,
ni con mil padrenuestros.
A veces he acercado
con cierto disimulo...,
mi boca a la suya
sabiendo que no me ve
en este espacio oscuro.
Me estoy obsesionando
siendo un cura sin paz...,
voy a hablarle al obispo
de esta flaqueza mía,
que me pueda trasladar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Su opinión me interesa.