Tan bellamente sentada
venida de olimpo altivo…,
una diosa de Carrara
en paseo imaginativo.
Los leones se abren paso
sin orientación alguna…,
confundidos del trayecto
de tomar quizás la Gran vía…,
o Alcalá más oportuna.
Hipómenes y Atalanta
con sus melenas al viento…,
fecunda tierra que aran
unas magníficas ruedas
con la tracción de su aliento.
Madrid entero se rinde
al paso de tu carruaje…,
no hay fusión más divina
que una deidad entre hombres
con tan versado lenguaje.
Los pliegues de tus telares
por simulada agitación…,
viva brisa que trae el aire
que frena airosas calimas
en su derrotada estación.
Cibeles llevas por nombre
y madre de todo español…,
pues no hay insensible que pase
por la circundada fuente
sin que reclames su atención.
Orgullosos de una dama
que enamora el corazón…,
de todo aquel que la mira
tan presumida en su asiento
y el agua…, su respiración.

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