Con el título de abuela
más longeva de Badajoz...,
mil ciento cuarenta y siete
de un árabe que me fundó.
Mi nombre es Alcazaba
y siempre se ha dicho de mí...,
que de Europa, la más grande
con ocho hectáreas del Cerro
de la Muela, donde nací.
"Mil novecientos treinta y uno".
Me piropean Monumento
Histórico-Artístico...,
con mis lienzos de muralla
de hasta mil trescientos metros.
A pesar de mi importancia,
me siento sola y olvidada...,
Fui la primera testigo
desde la antigua Badajoz
para ser menospreciada.
En mi defensa, les diré
que no sé hacer otra cosa...,
le salvé la vida a miles
de hombres que se guarecían
tras estas, mis recias rocas.
A pesar de ser baluarte
y bastión inexpugnable...,
muchos quieren travestirme
cual vulgar parking de coches,
recinto ferial o parque.
Ya pocos se acuerdan quien fui
y mi aporte a la historia...,
todavía duermen el sueño
edificios majestuosos
bajo estratos sin memoria.
No sé qué quiere el pacense
que yo haga en el futuro...,
seguir siendo jardinera
de pinos para sus tardes,
o tener su auto seguro.
Yo quisiera volver a ser
aquella que resplandecía...,
con sillares almenados
y constantes centinelas
custodiando en compañía.
Quisiera dormir tranquila
y que mis puertas me cierren...,
sin el gamberro que venga
a maquillarme en grafitis
y feas rúbricas me dejen.
Quiero seguir siendo útil
y hermosa al visitante...,
ser museo a la intemperie
y que al fin, todos entiendan
que fui alguien importante.
Quiero vomitar el humo
de aquellos coches ruidosos...,
y esos gorrillas que asustan
a cambio de una moneda
en un mercadeo espantoso.
Quiero iluminar de noche
ser faro de luciérnagas...,
y todo el que venga a verme,
utilice papeleras
al terminar su merienda.

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