Hoy es mi boda. Sé que debería ser el mejor día de mi vida, por todo el tiempo que llevo esperando el acontecimiento. Pero reconozco que no estoy feliz. Por razones de la vida, me voy a unir para siempre con un hombre al que no amo. Todo porque hemos vivido muchas horas de complicidad en la escuela y universidad. Me sentía cómoda con él, y creí que era mi hombre. Y aquí me veis: delante del espejo, terminando de ponerme guapa con este vestido precioso en tules, regalo de mi suegra.
A pesar de todo, estoy ilusionada de poder verle allí, aunque sea por un momento concreto de la ceremonia. No hablo del novio, no...; hablo del amor de mi vida. El que me arrebató Dios para él, haciéndolo sacerdote. Aquél que hace unos años me besaba con locura, y hoy estará observándome a un metro de mí. ¡Me muero!
Aún recuerdo sus comprometidas palabras a modo de juramento incumplido : "jamás te dejaré". Y vaya si me dejó. No por otra mujer, sino por el mismo Dios.
No entenderé jamás que de todos los hombres consagrados que tiene a su disposición el de arriba, decidiera dejarme sin él. Y que dejara para siempre esa brecha que jamás cicatrizó. Lo amé y lo amo, pese a esos atuendos sacerdotales. Sé que él sigue estando ahí, bajo esos ropajes, como lo estuvo en tiempos.
He luchado por buscar otro sacerdote para que oficiara la ceremonia, y créanme que me ha sido imposible. Todos veían ideal que uno de los amigos de la pandilla fuera el que nos casara a Tomás y a mí. No pude contradecir a tantos amigos y parientes.
Me moriré de la vergüenza de no poder mirarle a la cara, cuando me cuestione si amaré a ese hombre para siempre, mientras él, me sonreirá con ese gesto embaucador. No sé cómo reaccionaré. ¡No quiero ni pensarlo!
Por dentro y delante de todos, trataré de hacer un vínculo de unión personal entre él y yo. A pesar de las evidentes prohibiciones de este mundo.
¡Qué boba he sido enamorándome de un ministro de Dios. Me resulta inverosímil! ...,
Creo que debería llamar a mamá y contarle todo. Mis inseguridades y que, como madre, pueda intentar comprenderlo y ayudarme a desvestirme, anulando la boda. ¡Ay madre mía!
Ya está abajo papá. Acabo de oír el claxon del coche que me llevará a la iglesia.
Le diré a todos que salgan. No puedo seguir adelante con esta farsa. No podría ni quiero entregarme a un hombre, delante de ese otro al que amo.
¡Ay..., Guillermo! ..., ¿porqué no hiciste caso a tu sabia madre y terminaste la carrera de derecho o medicina, como la de tu padre? No habríamos llegado a esto y hoy, en el que sería mi gran día, estaría plenamente feliz al encuentro tuyo para unirnos para siempre.
¡Qué paradójico resulta, que todos envidien a una novia, por lo preciosa que está, y que esta a su vez, envidie a cualquier chica que asista al enlace!
Bajaré a hablar con papá. Él siempre fue más comprensible. Le diré que me lleve a la estación del ferrocarril. Creo que desapareciendo un tiempo de este sitio, allá en casa de tía Margarita, será lo más oportuno para que pase todo esto, y olvide a Guiller... mejor dicho, al cura comprometido..., y quién sabe. A lo mejor, vuelvo a enamorarme nuevamente. Creo que Dios me lo debe.

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