En la "Ciudad de los Niños",
de aquella Chana barriada...,
que me hicieron conocerle,
en la ciudad de Granada.
Siempre envidié a coetáneos
que con santos convivieron...,
¡qué suerte la de este siglo
y la de todo granadino,
por su humilde limosnero!
Desde que entró al servicio
del más cumplido evangelio...,
pidiendo a todo transeúnte
y oficinas de la ciudad,
con estampas del colegio.
¡Era tan difícil negarle
la caridad a ese anciano! ...,
con eterna alma de niño,
sonrisa casi perpetua,
y atuendo ensotanado.
Nunca tendría un mal gesto
ni desprecio a la comida...,
siempre decía agradecido
tras comer el buen hermano:
"me sabe a gloria bendita".
Con su edad para achaques
daba brincos al caminar...,
con viejo maletín negro,
Dios le brindaba las fuerzas
recorriéndose la ciudad.
A este hermano Gutiérrez,
si el cielo es felicidad...,
hace tiempo que se le dio,
la dicha estancia celeste
ante su alegría de verdad.
Su verdadera vocación
fue a esos niños sustentar...,
se salió de San Juan de Dios,
también de los Agustinos,
para en los Obreros entrar.
Compaginó con destreza
su vocación de impresor...,
creando estampas de niños
que repartía por Granada
obsequiando de corazón.
Decía haber conocido
al "colega de profesión"...,
a otro santo de Alpandeire,
que también fue limosnero
pidiendo por amor de Dios.
Hoy para ti mi homenaje
por esa encomiable labor...,
de anunciarnos aquí el cielo
ostentando ser el último
con humilde dedicación.

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